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El cuadro: un foco invisible de poder

Cuadro, Relación de formato / No Comment / 11 junio, 2019

En el momento en que percibimos la identidad de un objeto dentro del cuadro, somo conscientes también de la relación especial que hay entre ambos. La posiciología perceptiva ha establecido que cuando se observa una imagen, se asocia inconscientemente un movimiento potencial a un objeto estático, dependiendo de su posición dentro del cuadro. Un objeto único será “atraído” hacia el centro, las esquinas y/o los bordes del cuadro. Puede diseñarse un campo de fuerzas, que marquen o equilibren la posición del resto (el centro y punto medio de la diagonal entre la esquina y el centro) y las posiciones de ambigüedad donde el observador no puede predecir el movimiento potencial del objeto, por lo cual se crea un elemento de inquietud perceptiva. Que el objeto sea atraído de forma pasiva por el centro o los bordes, o mueva activamente por voluntad propia, depende del contenido.

La sensación visual de movimiento de un elemento estático con relación al cuadro, es una parte intrínseca de la percepción. No es un juicio intelectual añadido al contenido de una imagen basado en experiencias previas, sino una parte esencial de la percepción. Los bordes y el formato del cuadro tendrán, por tanto, una gran influencia en la composición.

El patrón de una imagen fotográfica consiste en algo más que la relación entre tamaños, formas, diferencias de luz y contrastes de color de los elementos visuales, es también un patrón estructural oculto creado por el cuadro. Una imagen contiene, además de los elementos visibles incluidos en la toma, aspectos “invisibles” que pueden ejercer una poderosa influencia sobre la composición. Como ya hemos visto al hablar de la perspectiva, un observador puede darse cuenta de la posición del punto de fuga (dentro o fuera del cuadro), aun cuando no se indique explícitamente.

Este “campo” de fuerzas existentes en el cuadro ejerce una presión sobre los elementos que contiene en su interior y cualquier ajuste de un grupo de elementos visuales en la composición se dispondrá de acuerdo con estas presiones. Este arraigado conocimiento perceptivo de los puntos de referencia invisibles del cuadro puede demostrarse fácilmente analizando el encuadre de un primer plano y el aire que se deja por encima. Si la cámara se contrapica quedará una cantidad excesiva de aire, que producirá la sensación de que el sujeto se escapa por la parte inferior del cuadro. Con la cámara picada se obtiene una toma sin aire, que producirá la sensación de que el sujeto se sale por la parte superior del cuadro.

Si el sujeto se encuadra hacia las esquinas, da la sensación de que huye de la posición central de referencia. Si se sitúa el motivo en el centro del cuadro, contrarresta o equilibra el “efecto de tracción” de las esquinas. Al eliminar tensión en la imagen, el resultado es la falta de estímulo visual porque el cuadro carece de énfasis visual. El sujeto cuenta con tales condiciones de equilibrio que carece de energía visual.

Las distintas posiciones del motivo dentro del “campo de fuerzas” en el cuadro pueden producir sentimientos perceptivos de equilibrio, movimiento o ambigüedad.

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