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El cuadro y el tamaño del motivo

Cuadro, Relación de formato / No Comment / 11 junio, 2019

A primera vista, parece que llenar el cuadro con el motivo principal es una buena idea de eliminar detalles irrelevantes. Los primeros planos o planos muy cercanos concentras la atención y evitan las complicaciones de integrar otros elementos visuales en una composición coherente. Cuanto más cerca del motivo principal, más fácil le resultará al espectador comprender las prioridades de la toma y más rápido encontrará el cámara el encuadre óptimo. El primer plano resulta eficaz para la comunicación y por lo general su producción es económica, ya que sólo es necesario iluminar y diseñar una pequeña zona.

Muchas producciones de éxito se han realizado utilizando primeros planos casi continuamente. Los primeros planos establecen tensión e intensidad, no sólo por el impacto claustrofóbico de las imágenes cercanas, sino por la ausencia de información visual que ayude al espectador a situar la acción. El misterio y la tensión aumentan si la audiencia está “perdida”, si carece del marco de referencia que la sitúan donde se desarrolla la acción. El estilo de producción en las series de televisión a menudo comienza cada nueva secuencia con un primer plano de manera que se establezca suspense y complejidad en la audiencia. ya que desconoce qué está sucediendo y dónde. A veces se libera a la audiencia de su confusión por medio de una toma “aclaratoria” apropiada dentro de la secuencia, pero a menudo no existe descripción visual sobre la localización, el número de personajes involucrados o la relación entre ellos.

La composición de un primer plano no excluye necesariamente la información sobre la localización. Mediante el incremento de los detalles, un primer plano puede establecer la atmósfera y la localización más rápidamente que un plano más general e indefinido. Generalizando, se diría que un primer plano refuerza la atención en el detalle, ya que el espectador no se puede distraer fácilmente de la información visual que se le presenta. Un plano general se puede utilizar para mostrar relaciones, crear atmósfera o expresar sentimientos, pero necesitan un mayor control en el diseño de la composición para lograr estos objetivos. Un campo de visión más amplio puede incluir más elementos visuales, iluminación., contrastes, color, etc., que compongan la unidad visual, mientras que una toma más cerrada puede resultar eficaz con un encuadre más sencillo.

Encuadres dentro del cuadro

La relación de formato del cuadro y la relación del motivo con el borde del cuadro tienen un impacto considerable en la composición de la toma. Históricamente en la fotografía han existido dos relaciones de formato preferidas: la de paisaje con un formato preferentemente horizontal y la de retrato que enfatiza la relación de formato vertical.

En los programas de cine y televisión la relación de formato de la pantalla se mantiene durante toda la producción. Existen algunos ejemplos de películas multi-imagen que utilizaron la pantalla partida en dos, cuatro, o más imágenes separadas, mientras que otras producciones han alterado la forma de la pantalla de acuerdo con el contenido.

Una manera sencilla de romper la repetición en la forma de la imagen que se proyecta y adaptar la relación de formato al contenido, es crear composiciones que incluyan encuadres dentro del cuadro. La forma más sencilla consiste en encuadrar una toma a través de una puerta o un arco, enfatizando el motivo que encierran y restando importancia al marco y la pared.

Utilizando una máscara en primer término se crea un “nuevo” encuadre irregular para dar variedad al repetido y constante formato de la pantalla. El encuadre dentro del cuadro rompe la monotonía y proporciona la oportunidad de diversificar la composición. El conocido plano de reacción con referencia del hombro es, en efecto, un encuadre dentro del cuadro, ya que la información que aporta la nuca del personaje en primer término es redundante, se encuentra allí únicamente para centrar la atención sobre el personaje que habla y para dar, con la curva que forman la cabeza y los hombros, una forma más atractiva visualmente al otro lado del encuadre.

El encuadre dentro del cuadro resalta el motivo principal al encerrarlo en un segundo encuadre, añadiendo a menudo profundidad a la toma. Hay diferentes maneras de crear un segundo encuadre, utilizando las semi-siluetas de los objetos que se encuentran en primer término, las ventanas o los espejos, que reducen el cuadro a un rectángulo más pequeño. No obstante, si no se efectúa de forma adecuada, existe el riesgo de crear una imagen dividida en zonas que compiten por un interés similar. Los elementos verticales y horizontales pronunciados pueden crear dos imágenes inconexas y sin ninguna orientación visual, ocasionando ambigüedades en la mente del espectador sobre cuál de ellas es la dominante.

Otro problema que se presenta en la composición, es la relación entre el borde del cuadro y la forma del encuadre dentro del cuadro. Si ambos son similares y la forma interior sigue las líneas del cuadro, se procederá sencillamente a una reducción del tamaño de la pantalla. Si se resaltan los elementos visuales que no pertenecen al motivo principal, se dividirá el interés en el cuadro o provocará indecisión sobre cuál es el motivo principal.

El ejemplo más común es la toma de un presentador de informativos, encuadrado en la mitad de la imagen y “equilibrado” con un logotipo o un gráfico genérico encerrado en una “ventana” en la otra mitad. Ambas imágenes, por lo general, no se integran visualmente y pugnan entre ellas por atraer la atención. Con frecuencia el presentador aparece situado incómodamente cerca del borde del cuadro siendo desplazado por la posición dominante del gráfico.

Resulta casi imposible lograr la unidad visual cuando se combina un presentador y un gráfico enmarcado en una “ventana”, a menos que el presentador ocupe, como mínimo, tres cuartas partes del cuadro, superponiéndose a la ventana del gráfico. Normalmente en los boletines informativos el cuadro se divide al cincuenta por ciento, reflejando las preferencias periodísticas forjadas por la costumbre en la maquetación de las páginas de texto de los periódicos.

Los gráficos electrónicos tienen un contorno amplio de “seguridad” que es necesario porque algunos televisores domésticos no lo exploran todo, por lo que los bordes de la imagen que se transmite no se ven. La información fundamental, como los textos (títulos, números de teléfono, etc.), se sitúan automáticamente fuera de este contorno. Las imágenes que capta una cámara que no tiene ese control, son imágenes que sobrepasan los límites de la zona de seguridad. Consecuentemente, en muchos programas de actualidad la incrustación del material de grafismo electrónico en la toma puede desplazar al presentador al borde del cuadro e incluso fuera de la pantalla.

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